Hace casi tres años escribí acerca de la ya famosa "píldora del día después" (apodo que encuentro personalmente muy mal puesto), y todavía no se soluciona nada. Peor aún, la discusión se elevó hasta las alturas de la fe, siendo un asunto de política nacional. Ahora bien, el presidente de la Comisión Episcopal ha hablado acerca del "día antes", y le encuentro razón en cierto sentido. Las políticas de educadión sexual en nuestro país no están ni cerca de lo que debieran ser, por culpa principalmente de los movimientos conservadores que se espantan con la sola mención de la palabra "sexo" en las salas de clase. Esto no sería tanto si simplemente la situaión social de muchos chilenos no fuese tán invasiva de la vida personal, porque ¿cómo enseñar autorrespeto a una niña que vive asinada en su casa, con 3 o 4 familias más? ¿qué de nuevo se puede hacer si en su núcleo familiar aprende las cosas torcidas? ¿a quién creer?
A pesar de todo, no creo que la solución es evitar el Levonorgestrel por el simple hecho de que no se puede decidir acerca de las decisiones de cada persona, de cada mujer en este país. Siento que este tema, a pesar de que lo están arrastrando hacia las fronteras caóticas de la fe, no tiene mayor raciocinio que el de las libertades individuales (incluida dentro de la religión bajo los términos del "libre albedrío") que están siendo arrasadas por el simple hecho de no ponerse en los zapatos del otro.
Hace unos días oí el comentario de que no había que creer a la OMS, ya que ellos sólo velaban por los laboratorios y nada más ¿Y qué piensa la OMS, a fin de cuentas? hay un par de escritos bastante clarificadores que nos permiten entender por qué la gente que está en contra de la pastilla también lo está de la Organización, poniendo dudas donde no las hay. El primero es la Nota Descriptiva 244, que explica brevemente el uso, posología y acción del Levonorgestrel (es aquí donde se menciona que no es abortiva). El otro, es un documento de 83 páginas llamado "Intervenciones para la anticoncepción de emergencia", que explica y compara la efectividad del principio activo del Postinor 2 frente a otros tratamientos. La señal es clara, y la entidad que debe velar por la salud de la población mundial tiene su postura, avalada científicamente por expertos en el tema. ¿Por qué dudar?
A la luz de lo escrito, sólo puedo pensar lo siguiente: Las políticas públicas con respecto a la educación sexual, más el bienestar de la población nacional están siendo usados de pretexto ante el uso restringido del Levonorgestrel. Pretexto que se ha convertido en un tira y afloja que no nos lleva a nada. Es de un ridículo absoluto que la parte de la población que está más en riesgo de abortar con métodos traumáticos, mortales y criminales (nótese que yo desapruebo el aborto en cada una de sus formas) no tenga la alternativa que tienen en las zonas acomodadas de evitar el embarazo y, por tanto, el aborto. No se puede pensar en actitudes individuales para justificar o no la disponibilidad, porque se entraría en un ciclo sin fin.
Hay que pensar a nivel país... y son 7,6 millones de mujeres.
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