martes, diciembre 12, 2006

Pobre infierno

"Hay que matar la perra para espantar la leva"
Augusto Pinochet, 11 de Septiembre de 1973

Ya pasó todo. Se dio el lujo de morir en plena libertad, el lujo de que todo el mundo estuviera pendiente de su cadáver, el lujo de crear caos y división en el país sin ni siquiera abrir la boca. Con su muerte, Pinochet termina sus días del mismo modo en que se hizo conocido: separando a la gente. La personas que lo negaron ya lloraron sobre el ataud y los que lo odiaban ya abrieron las champañas. El mundo lamenta la pérdida de un tirano que se fue sin castigo alguno.

O tal vez no sea tan así...

A fin de cuentas, la sociedad lo condenó. No sólo el gobierno, sino todos los que se desencantaron del viejo una vez que se supo lo del Riggs, los jóvenes que aún preguntan a sus padres el porqué de esos años. Aun la memoria, los muertos, los que aún flotan en el Pacífico, los que claman al cielo, como la sangre de Abel luego del crimen de su hermano, los que, al final, son los mudos testigos de la caida del alma del ex dictador a los abismos de hielo.

Y, como decía Dante, estoy seguro que el viejo estará en las fauces del demonio, en el helado séptimo círculo del Infierno, rodeado por Judas y por Bruto, los dos más grandes traidores de la historia.

lunes, diciembre 04, 2006

Pinochet... otra vez

Hoy, a pesar de que hubieron noticias más importantes, tuvimos que ser testigos otra vez del acto de presencia del anciano dictador todo el día. Y ni siquiera servía cambiar de canal, o ir a los del cable, porque PAF!, ahí aparecía con su cara de Tata Colores mientras escuchábamos las reseñas de su vida y sus actos repudiables que nos tienen en el fango actual.

Me parece curioso (por decirlo menos), que justo cuando se le va a procesar por alguna cosa, o se le va a notificar de algún auto en su contra, cae enfermo de [(............)
ponga aquí cualquier enfermedad que se le ocurra, tal vez la tenga]. Ya es costumbre para los que habitamos esta larga y angosta faja de tierra recibir estas noticias, y lo aceptamos ya con una naturalidad que a veces me sobrepasa. Y, al final, todo el esfuerzo por llevar al viejo ante la justicia se va al carajo una vez más.

Dicen que la justicia tarda, pero llega. A veces pienso que la justicia humana es tan pequeña, o tan mal dispensada en Chile que nos tenemos que conformar con ver al ex dictador hundiéndose en la entropía que él mismo procuró acumular en el transcurso de su vida y que, cual Espada de Damocles, se balancea sobre su cabeza con demasiada frecuencia.

Como dicen Los Tr3s en su tema "
nunca he deseado ma a nadie, esta es mi primera vez". Mucho se ha dicho acerca de cómo debieran ser los funerales de Pinochet, pero me cuestiono si la pregunta está bien hecha. Creo que es mejor preguntarse si los que se enriquecieron con las disposiciones de su gobierno estarán al lado de su féretro.

Ya saben: Cria cuervos...