Ya han pasado las elecciones de presidente, y las reacciones ante los resultados de la gente que me rodea es muy, muy variada. Van desde la alegría algo desmedida a la decepción y el miedo, y me hacen pensar en uno de los factores más esenciales en el ser humano, lo que le da finalmente la categoría de tal: su derecho a la libertad.
No puedo comprender cuál es la necesidad de discutir un resultado electoral como el que ayer (o más precisamente hoy) nos ha entregado un nuevo presidente de la república. La regla principal de las elecciones es que el pueblo, la gente, decide lo que necesita para sí, y se supone que es pensando en el bienestar de la nación entera. Hay que asumir el resultado con tranquilidad, simplemente porque ese es el famoso “juego de la democracia”: No tiene que ganar el preferido personal, sino el que obtiene más votos, y listo.
¿De qué sirve renegar lo que va a ser nuestro destino por 4 años más? ¿Para qué tanta alarma? Al final la vara es alta, y acaso, ¿no es esa la idea, que cada gobierno gestione el estado mejor que el anterior? Ese es el secreto de la libertad de elección, la fiscalización de la ciudadanía hacia sus gobernantes. Ahora la Concertación perdió luego de 20 años de gobierno, y no es casual, sino que es el fruto de una administración dedicada a hacernos creer a todos que cada cosa funcionaba como corresponde, sin embargo en los pequeños detalles, en los concursos públicos torcidos bajo esa constante tan chilena del amiguismo y la sucesión increíble de apellidos poderosos, en la atención a los problemas de la gente (y no me refiero a esas excusas baratas de “delincuencia, trabajo… blablabla…”, sino a lo fundamental para una nación, el ascenso de sus ciudadanos a una calidad de vida mejor), en esos detalles el conglomerado oficialista se perdió. ¡Y no esperemos algo nuevo con los que vienen llegando!
Ahora bien, el problema real es para los recién llegados. ¿qué harán ellos con la capacidad de acción que los votantes les han entregado? la diferencia fue bien pequeña, por lo que podemos asumir que no podrán modificar mucho las políticas que ya están en marcha, sino que tendrán que reforzar la idea del nuevo gobierno a partir del cumplimiento de las promesas electorales lo antes posible.
Así que sólo queda esperar para poder tomar el real sentido de lo ocurrido este domingo. Observar, denunciar y abrir bien los ojos. Lo demás es arroz graneado…